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¿Por
donde se cuelan los malos?
Los hackers
tiene acceso a una potente comunidad de I+D, en la que se
mueven sofisticados programas de rastreo automático
que husmean por la Red a la caza de máquinas
indefensas. Estas herramientas localizan al PC
víctima a través de su dirección IP, el
número único que identifica cada
máquina conectada a Internet.
Así como en
las conexiones normales, el proveedor de acceso entrega al
usuario una IP diferente en cada conexión (IP
dinámicas), en los casos del cable o del ADSL, lo
normal es entregar siempre al mismo usuario una misma
dirección IP ( IP fija). Si un hacker ha enfilado
nuestro PC, saber que siempre tiene la misma IP le facilita
mucho el trabajo.
Sabida la IP,
estamos en la puerta del ordenador, pero no tenemos la llave
para acceder al interior. Para entrar, el hacker
necesita buscar un lugar practicable, un puerto
(punto de conexión) abierto. Cada programa con
acceso a Internet crea en nuestros ordenadores puertos para
cada función concreta (navegar, enviar o recibir
correo, participar en un chat, transferir ficheros, etc.).
El acceso a web suele ser el puerto 80, el FTP va por el 21,
y así sucesivamente. El hacker y su programa
rastrean puerto a puerto hasta encontrar uno abierto y
colarse hasta la cocina.
Otra variante de
acceso es colar en el ordenador victima un "troyano":
bajo una tapadera inocente (un salvapantallas, un adjunto a
un correo...) puede deslizarse un programa oculto que
queda residente en nuestro disco duro hasta que su "amo"
lo active. Permiten tomar el mando total del ordenador
infectado, y el más famoso de todos estos
troyanos es Back Orifice, una obra maestra que una vez
activada permite la apertura de puertos de acceso
remotamente.
>>>Mejorando
nuestra seguridad
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